Me verás por el centro caminando
con mis zapatos nuevos, relucientes,
erguido, recién afeitado,
con mi traje de homínido.
Haciendo trampas en cada farola,
fingiendo,
tiñendo las calles de negro anfibio asustado.
La luna tiene la cabeza gacha.
No me ves, pero Yo sí te veo,
desde mi mundo apestado
desde mi cartón
desde mi suelo.
ROCHDALE
Es aquí donde paso mis últimas horas
comiendo sopa de verduras con
cuchara de plástico.
La colina se despereza,
las lápidas bailan al son del musgo ingrato,
un perro blanco cruza la carretera.
Inútil empeño disimular
las hebras rotas de la crisálida.
Con un sabor amargo
en la garganta
apenas contagioso
un dolor como de alfileres
clavándose en cada arteria
Sigilosa
una procesión de hormigas me sale
por la boca
a paso ligero
a ruido de fémina.
Congénita
Te arrancarán el pólipo que te ha salido
por culpa de las estupideces que dices
Tirarán de él y se descoserá
la cuerda
que tan ligeramente lo sujeta
Caerá al suelo de golpe
rodará
como rueda el botón que
infeliz
se descuelga
después de una semana de vida
en un abrigo de traspaso
o
en una camisa de bastos cuadros.
La DUDA hostiga
cuando te crees viejo.
Abarca cada gesto que haces.
Asusta inconsciente cada palabra que pronuncias.
La duda es una noria que te marea
hipocondríaca
con vueltas inútiles.
La duda es un hombre que se atraganta
cuando se muerde la lengua.
La duda es un trago de aguardiente,
una picadura de avispa.
Desquicia atasco
desquicia viernes.
Brilla asfalto impoluto de blanco recién dibujado.
Sorprende accidente,
improvisa cristales fosforitos sobre
alquitrán agrietado.
Desquicia semáforos en rojo,
ceda el paso,
autobús recién empotrado.
Desquicia Madrid
desquicia
operación salida.
Los hijos de la ira
queman rastrojos con sus abrigos de pieles,
tratan a sus niñas como si fueran autistas,
buscan anexos en la cola del paro,
tiran las pinzas de las que cuelga la ropa.
Los hijos de la calma
coleccionan poderes que llaman fácticos,
anegan el paladar con comida caliente,
practican reverencias y daños colaterales,
cazando con lanza, no comían magdalenas.
Mientras crece la pandemia
los grillos siguen cantando felices,
manteniendo su celibato,
la hierba nace espesa,
los animales siguen siendo polígamos.
No pongas voz de nunca he roto un plato,
conozco tu naturaleza,
te he visto destetar a un cachorro y
masticar su carne fresca
como si fuera
chicle.
Se colapsa el enjambre
de abejas asustadas y pájaros de mal agüero,
este pozo sin fondo dónde sólo los ciegos se aman y
las mujeres elegidas se cubren el rostro.
Se arruina el batallón de escuálidos en los puentes y
putas en Desengaño.
Se transforman los domingos en atajos
que nadie toma.
Aquí
la soledad es tan larga como un coche fúnebre.
Me tiraron una piedra
como quien mata a un mosquito
en verano,
con rabia y deseo de sangre.
Por suerte fallaron y
la piedra se hizo huevo
de gallina de granja y
alcanzó de lleno mi garganta.
Me quedé sin fuerza
en las cuerdas vocales,
pero alguien me prestó su voz,
un transeúnte tarado que
empujaba el carrito de un súper,
y así gritamos al unísono:
“¡Mierda de país!
¡Estercolero gigante!”
Chillan las gaviotas,
histéricas,
con su graznido de
enfermos desahuciados.
Discuten, pelean,
fingen que callan
bajo el silencio impertérrito
de una pieza de
pescado muerto.
Huirás algún día
de esta jaula de bestias encerradas.
Abriendo,
aullando,
comiendo,
catando,
apremiando el descanso
de los pasos de cebra.
Va a comenzar el despiece
en el mercado de abastos,
vas a desnudar
asustada
tu cariz
de alma de cántaro.
Escalera arriba
Amada esposa
Llave robada
Puño encendido
Muerte anunciada
Casi inminente
Boca celosa
Ardiente alevosía
Agrupación vocálica
Cólico horroroso
Quiere evitar
Delirios cobardes
Vergüenza humana
Inútil cabrón
Paredes huecas
Vecinos sordos.
HASTA QUE EL LLANTO DE LOS CACHORROS
no cese
los enamorados seguirán escondiendo la mano bajo la mesa,
las madres sintiéndose culpables por la leche de estraperlo,
los platos sucios en el fregadero
olvidados por todos.
El Sol ya no se esconde bajo las cortinas
ni en los corazones remendados.
La ligereza de la luz ahora se pierde,
ahora se arruga,
en los pañuelos blancos.
LA CAZA – EL MURO – LOS NIÑOS
I.
El pájaro no sabe que pisa
una tierra que no es suya.
El pájaro come las semillas
de tantos campos minados.
El pájaro vuela raudo
hacia migraciones que antes le eran opuestas.
Un disparo.
El cazador ha dado en el blanco.
El pájaro es mártir.
El cazador tiene la cabeza
llena de pájaros.
II.
Aunque levantéis un MURO
el más alto del mundo
seréis vencidos
seréis aplastados
por las palabras irreverentes
por la sombra de los muertos.
III.
No empuñan armas
los héroes de esta guerra
ni exhiben mártires en
su propaganda.
Tan difícil como bailar de puntillas
es mirar a la gente a los ojos
y no a los pies,
igual que cuando viajamos en metro.
Las maletas se pierden en el aeropuerto y nadie sabe
porqué
te tocó a ti y no a mí.
La tuya fue la excusa desgraciada.
Besamos
en círculo concéntrico
vicioso
de espaldas a la intemperie
arrastrando
nuestra torpe respiración de
piel de azúcar.
Besamos
cuando los tulipanes se cierran
somos huérfanos de alma
pedimos al cielo que caiga la lluvia.
Besamos en arco
como las naranjas
como cantan las ballenas
cuando no sufren
descubriendo la superficie
la arquitectura del beso.
A veces pienso en el día en que
me quede ciega y
no pueda verte, ni siquiera
borroso.
A veces pienso e intento estudiarte entero,
de memoria.
Me vence el miedo.
No es fácil abarcar una sombra
infinita.
TÚ, te vistes como cada día,
envuelves tu cuerpo en mentiras de tela,
te escondes,
cubierta la vergüenza
se desmiembra la célula del pudor.
Tú, haces que los defectos se tapen
por si acaso
el pelaje se te agrieta,
te defiendes,
arrancando la soledad de los armarios.
MADRID
Pensaba que mi corazón sin agua
se marchitaría,
tristemente,
en este circo dónde
no crecen los niños.
Estaba equivocada,
aturdida.
Cada vez que tengo sed bebo de
alguna de tus plazas,
pongo la lengua al Sol y
después hago el amor contigo.
Chocan los barcos en la niebla
y nuestras crestas ilíacas contra los acantilados.
Me subes la falda.
La piel se expone.
Deja huellas en las sábanas la espesura de
la fascia lata.
Hacemos cálculos matemáticos para conocer
la fuerza que lleva el viento.
Se cierran ventanas,
se oye el run-run de los electrodomésticos.
Es la hora de sudar en la sombra,
con el hartazgo de dos leones hambrientos.
Bajo tantos movimientos mecánicos,
temidos y
esperados,
te sientes cobarde,
igual cada año que pasa.
Otra vez ese frío metálico,
la sonrisa incómoda.
Tumbada,
con las piernas muy abiertas.
Te imaginas que estás en una playa desierta y
NO en la consulta del ginecólogo.
ESTUARIO
Crece despacio
el pelo enredado en las salinas del río.
Es la diosa de barro
la que peina mechones de sauce y
ahuyenta libélulas.
Mugre turbia,
polémico caudal que arrastra esquirlas,
despojo del agua sucia.
Sé que buscaré la piedra de la locura
nadando entre anguilas,
con miedo a que la lamprea me chupe
la sangre
y exhausta
revelaré mi brazos a
los racimos del viento
hasta que la corteza de árbol se me caiga y
se produzca
la extracción.
Podrás ver, entonces, mi piel pálida y
mis sueños lúcidos
bajo éstas que fueron mis hojas,
ahora
extendidas por el suelo.
VUELVE el ruido de tacones
clac, clac, clac,
retumbando en el pecho
clac, clac, clac.
Vuelvo a ponerme el disfraz de madre
bajo del camisón de los pechos caídos.
Se me arruga el cuerpo y prefieres cerrar los ojos.
Eres de los que aún no percibes
la belleza robada de una mano que huele a lejía,
ni el corazón latiendo
como el calor
que desprende un horno.
Hacemos gala de nuestros trucos
cuando cambiamos pañales
sin que la mierda nos salpique.
Bendita cicatriz
La primera vez que lo hicimos tenía miedo
de que no te gustara y apagaras las luces.
Creía que los días lluviosos carecen de perfección
igual que los recién nacidos de dientes.
Pero me miraste en el espejo,
escrutando con cariño
cada uno de mis fragmentos,
limpiándome las heridas que seguían abiertas.
Me quitaste las vendas
con la paciencia
de una casa con andamios.
Si Adán no hubiera prevaricado no seríamos ahora
dueñas del pecado:
las fulanas,
las tiranas,
las inútiles,
las que acusan,
las que incitan,
las que mienten,
sutiles costillas rotas,
diferentes,
quebradas,
odiadas.
La equidistancia entre una pierna y otra
convoca a la autodestrucción,
la ausencia
de reproches y de insultos
al comportamiento salvaje de la estepa.
Éste es el éxodo que ejercemos los olvidados,
ésta la tristeza.
Heredamos el verso libre de los ignorantes,
callamos como callan los pusilánimes
la derrota.
De como empezó la infección no sabría decirlo.
Sonaba un suspiro en el sudor de la escalera,
tropezaba mi lengua con la sequedad de las llanuras.
Hace meses que no cae ni gota,
se extendió
con rabia
la pátina de mierda
bajo un sol que abrasa.
Los vértices del astrolabio
Aquí es donde comienza todo,
en los lados opuestos de esta latitud,
en la tristeza del norte magnético.
Alguien me explicó un modo curioso de sembrar estrellas.
No es preciso mirar al cielo ni medir ángulos.
Las estrellas nacen por la excedencia impertinente
de pensamientos.
Por la noche oiremos
el ladrido de los perros sin dueño que vagan
bajo los puentes.
Robar es fácil si no hay farolas en las calles.
Los amantes se presumen ladrones de cuerpos.



